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Deudas en La Rioja: detienen prestamistas y bajan tasas

Deudas, miedo y usura: así viven miles de familias riojanas atrapadas en el círculo del crédito informal

Firmar papeles en blanco sin leerlos bien. Entregar el auto como garantía. Ver cómo la deuda crece más rápido de lo que se puede pagar. Esa es la realidad que enfrentan muchos hogares riojanos que, sin otra salida, cayeron en manos de prestamistas ilegales. Y el gobernador Ricardo Quintela salió a ponerle números y nombres a esa realidad.

Según datos oficiales, aproximadamente el 40% de los riojanos está endeudado hoy. Solo en el Banco Rioja, unos 5.000 clientes atraviesan dificultades para cumplir con sus cuotas, sobre un total de 30.000 con créditos activos. El monto promedio en mora ronda los 600.000 pesos, aunque hay casos muy por encima de esa cifra.

Para frenar la sangría, el gobierno provincial tomó dos caminos: bajar las tasas del banco público y perseguir a quienes prestan dinero por fuera del sistema.

Desde el Poder Ejecutivo, en su rol de accionista único del Banco Rioja, se dispuso una reducción de tasas de interés. Los clientes al día pasaron de pagar cerca del 76% a una tasa del 56%. Para quienes acumulan más de 90 días de mora, la tasa bajó aún más: al 47%, con la posibilidad de refinanciar la deuda en cuotas fijas negociadas caso por caso.

El banco también ofrece una salida para quienes deben en otras entidades: un nuevo crédito para cancelar esas obligaciones y unificar todo en condiciones más accesibles.

Pero el otro frente es el que más movilizó a la opinión pública. Más de diez prestamistas ilegales fueron detenidos en operativos conjuntos entre la División de Delitos Económicos de la Policía provincial y la Justicia. En uno de los más resonantes, se secuestraron alrededor de 170 millones de pesos y más de 100 tarjetas de débito.

Quintela describió algunas de las maniobras más frecuentes: documentos firmados en blanco que luego se completaban con montos impagables, vehículos retenidos, escrituras de propiedades usadas como garantía. Todo para atrapar a personas vulnerables en una trampa financiera sin salida visible.

“Son las deudas pequeñas”, dijo el gobernador al referirse a los casos más comunes. Una frase que dice mucho: detrás de cada número hay una familia que llegó al límite.

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