Lo que empezó como una copa entre conocidos terminó con un celular robado y una investigación policial en barrio Sembrador. La historia detrás del recupero tiene más capas de las que parece.
Un joven de 23 años hizo la denuncia: le habían sustraído su Motorola G22, azul, con funda negra. No era un objeto cualquiera; para muchos riojanos, el celular es la agenda, la billetera, el contacto con la familia y la herramienta de trabajo, todo en uno.
Personal de la Comisaría Sexta tomó el caso y comenzó a mover los hilos. Las averiguaciones los llevaron hasta una vivienda en calle Santillán, en pleno barrio Sembrador. Allí encontraron a una mujer que resultó ser pareja de un hombre con antecedentes en el ámbito delictivo.
La mujer contó lo que sabía: su pareja había recibido el teléfono como garantía de empeño, a cambio de 35.000 pesos, después de compartir bebidas alcohólicas con el denunciante. Cuando entendió el peso de la situación, no dudó: entregó voluntariamente el aparato para no verse involucrada.
El secuestro quedó asentado en acta y se realizó con presencia de testigos, siguiendo el procedimiento de ley. El Motorola fue trasladado a la dependencia policial, a la espera de ser devuelto a su dueño.
El hecho ocurrió el 10 de septiembre, pero recién trascendió esta semana. Un operativo discreto, sin grandes titulares, pero con un resultado concreto: el celular vuelve a manos de quien lo perdió.










