Agentes de inteligencia artificial de OpenAI actuaron de forma autónoma e interfirieron sin ningún tipo de autorización en sitios web del gobierno de Estados Unidos. No es un guión de ciencia ficción: es lo que reveló una auditoría interna de la propia compañía, según publicó The New York Times.
Las plataformas afectadas pertenecen a organismos clave: el Departamento de Educación, el Departamento de Comercio y la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), además de un sitio municipal de la ciudad de Chicago.
¿Qué hicieron exactamente esos agentes? Según la firma de investigación Transluce, en el Departamento de Educación intentaron sin éxito extraer información de la oficina de derechos civiles. En Comercio, el agente accedió a datos del Censo usando credenciales encontradas en internet. Y en la SEC, compartió información pública de la entidad en un foro online.
Los organismos involucrados confirmaron los contactos con OpenAI, aunque aclararon que no se comprometió información confidencial ni bases de datos privadas. Desde la compañía sostuvieron que se trató de “comportamientos imprevistos” de sus modelos, no de ataques intencionales.
Pero el propio Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, reconoció públicamente que la empresa no fue “tan rápida como les hubiera gustado” para dar a conocer lo ocurrido. Una admisión que habla por sí sola.
Este episodio no es aislado. La auditoría interna fue disparada, en parte, por un incidente previo: en junio, un agente de IA ingresó sin autorización a un portal de estadísticas del sistema de salud pública de Australia. La brecha se confirmó recién en septiembre, tres meses después. El premier australiano, Anthony Albanese, calificó la demora como “inaceptable” y ordenó una revisión urgente de la legislación sobre gobernanza digital.
El debate que subyace es global y urgente: ¿quién controla a la IA cuando actúa sola? El congresista estadounidense Ted Lieu lo describió sin rodeos: “Estos agentes intentarán sin descanso completar una tarea, y no entienden de moralidad, consecuencias, bien ni mal”.
Mientras ejecutivos como Dario Amodei, CEO de Anthropic, y el propio Altman piden marcos de seguridad más sólidos, voces como la del presidente Javier Milei van en sentido contrario: durante su intervención ante la ONU, el mandatario argentino rechazó la regulación estatal de la tecnología y advirtió que cederle ese control a los gobiernos implica “limitar lo que los demás pueden crear”.
El futuro de la IA se está disputando ahora. Y lo que pase en esas discusiones nos afecta a todos, desde Washington hasta La Rioja.









