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Guía riojano y una huella fósil de 40 millones de años

Una camioneta rota en plena Cuesta de Miranda. Un guía de montaña que atiende el llamado. Y al final del camino, una huella de 40 millones de años grabada en la roca de la cordillera riojana. Así arranca esta historia.

Pedro González, guía de montaña y presidente de la asociación que nuclea a quienes trabajan en la alta montaña de La Rioja, no tenía planeado sumarse a ninguna expedición científica aquel 10 de octubre de 2025. Pero cuando el paleontólogo Martín Ezequiel Farina lo llamó porque una de sus camionetas había quedado varada en la Cuesta de Miranda, González no dudó. Cargó su Jeep y se puso en marcha.

Lo que siguió fue mucho más que un rescate mecánico.

Juntos recorrieron la Quebrada del Yeso, un sitio con formaciones geológicas que remiten a antiguos ambientes lacustres de millones de años de historia. Después continuaron hasta Santo Domingo, en la formación Las Flechas, dentro de la precordillera riojana. Ahí estaba el tesoro: una huella fósil de ave de tres dedos, con aproximadamente 40 millones de años de antigüedad.

La huella fue documentada y analizada por Farina, quien publicó los detalles de la expedición en la revista Viva el 11 de octubre de 2026. Según el investigador, este tipo de registros, que pertenecen al campo de la icnología, permiten conocer aspectos de la vida de los animales que los huesos solos no pueden revelar. La forma, el tamaño y la disposición de los dedos ayudan a reconstruir cómo se movían, sobre qué superficies pisaban y cómo era el ambiente que habitaban.

En este caso, no es posible identificar con exactitud qué especie dejó esa marca. Pero su sola existencia ya es un registro valioso para entender la evolución de las aves, incluso en los períodos posteriores a la desaparición de los grandes dinosaurios.

Para González, la experiencia conectó dos mundos que suelen caminar separados: el conocimiento del territorio y la ciencia. Su trabajo diario en la montaña le da algo que ningún laboratorio puede replicar: saber exactamente por dónde ir, cómo llegar y qué esperar del terreno. Esa lectura del paisaje fue clave para que la expedición pudiera continuar y llegar a los sitios previstos.

La cordillera riojana guarda todavía muchísimas historias enterradas en sus rocas. Algunas necesitan a un científico para ser leídas. Otras, primero necesitan a alguien que sepa cómo llegar hasta ellas.

Pedro González fue las dos cosas ese día.

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