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Caputo desvió US$ 2.156 millones de obras y alimentos para pagar deuda

Trenes que no van a llegar, alimentos que no van a repartirse y obras que no van a hacerse. Eso es, en concreto, lo que dejaron de ser más de 2.100 millones de dólares en préstamos internacionales que el gobierno nacional redireccionó para cubrir compromisos de deuda financiera.

El ministro de Economía Luis Caputo solicitó la reestructuración de créditos obtenidos por administraciones anteriores ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BIRF). El resultado: 647,5 millones de dólares del BID y 1.509 millones del BIRF, que tenían destinos específicos aprobados, fueron reorientados hacia lo que el propio gobierno denomina “las nuevas prioridades estratégicas del país”.

¿Qué había detrás de esos números? Historias concretas que ya no van a ocurrir.

Uno de esos préstamos, de 400 millones de dólares, estaba pensado para mejorar el Ferrocarril General San Martín en el tramo Retiro-Pilar: más capacidad, más seguridad, mejor servicio para miles de personas que viajan cada día. Otro, de 128 millones, apuntaba a fortalecer programas alimentarios para población vulnerable. Había también fondos para prevenir inundaciones en ciudades, para digitalizar pequeñas y medianas empresas, para ampliar el acceso a energía limpia en hogares humildes y para desarrollar el turismo de naturaleza.

Ninguno de esos proyectos avanzará. El dinero tiene otro destino.

Los documentos oficiales de ambos organismos multilaterales confirman que fue el gobierno argentino quien solicitó los cambios. En el caso del BIRF, los informes señalan que “las actividades financiadas en el marco de estos proyectos no constituyen prioridades inmediatas”. En el caso del BID, Caputo envió una carta al presidente del organismo, Ilan Goldfajn, para explicar la situación macroeconómica del país y solicitar el redireccionamiento de los fondos hacia metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional.

La denuncia pública la hizo Gabriel Katopodis, ministro de Infraestructura de la provincia de Buenos Aires, quien alertó que entre los fondos desviados estaba un crédito específico para reducir el riesgo de inundaciones urbanas en Argentina, justo cuando la Organización Meteorológica Mundial advierte sobre un fenómeno de El Niño de “intensidad sin precedentes” para este año.

El monto total redireccionado asciende a 2.156 millones de dólares que, según los propios registros multilaterales, tenían como objetivo mejorar infraestructura, fortalecer la seguridad alimentaria, apoyar a las Pymes y promover el turismo. Ahora tienen un solo destino: el pago de deuda.

La historia detrás de los números es simple y dura: lo que iba a construirse, no se construirá. Lo que iba a comerse, no se comerá. Lo que iba a protegerse, quedará expuesto.

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