El Gobierno nacional salió a celebrar con bombos y platillos el 2,1% de inflación de mayo. En las redes sociales, los aplausos entre Milei y Caputo intentaron disfrazar de éxito un número que, en el bolsillo de la gente, sigue doliendo. Los alimentos subieron un 2,5% —por encima del índice general— y la inflación interanual ya trepa al 33,2%. Mientras en Buenos Aires festejan con champagne, en el interior el abandono de Nación se siente con fuerza: hoy una familia tipo necesita más de $1.490.000 para no ser pobre, un piso estructural que el modelo centralista no puede ni sabe perforar.
En La Rioja, la realidad se milita de otra forma. Frente a este escenario de asfixia económica provocado por las medidas de ajuste del Gobierno nacional, la gestión del gobernador Ricardo Quintela se consolidó como un verdadero escudo para las familias riojanas. Mientras la motosierra nacional golpea el poder adquisitivo y frena la obra pública, el Gobierno provincial redobla los esfuerzos para sostener el consumo local, defender el empleo y garantizar que ningún riojano quede desamparado ante el aumento desmedido de la canasta básica.
La diferencia de prioridades es total. El festejo “de arriba” choca de frente con el golpe “de abajo” que sufren las provincias por la quita de fondos coparticipables y el desinterés de la Casa Rosada. A pesar de este panorama complejo, la provincia de La Rioja demuestra que hay otro camino posible: poner la gestión al servicio de la comunidad, cuidar el bolsillo de los trabajadores y plantarse con firmeza frente al abandono centralista. ¿Qué parte de un 33% de inflación anual se supone que tenemos que festejar?








