La jugada de distracción es clásica: aprovechar que el país entero está con el corazón en el Mundial 2026 para meter las medidas que más duelen. Mientras la Scaloneta avanza y la atención está puesta en los goles, el Gobierno nacional autorizó al Ministerio de Economía a contraer nueva deuda externa por hasta 5.000 millones de dólares con organismos como el FMI, el Banco Mundial y el BID. Para colmo, la letra chica incluye la prórroga de jurisdicción, lo que significa que cualquier conflicto legal se va a tener que resolver en los tribunales de Nueva York.
Esta decisión de volver al esquema de deuda externa choca de frente con el relato oficial de austeridad. El centralismo porteño elige financiar sus cuentas comprometiendo el futuro del país en dólares, pero al mismo tiempo le aplica un torniquete financiero brutal a las provincias, recortando fondos esenciales y pisando la obra pública. La historia se repite: el puerto se endeuda y el peso de la crisis se distribuye hacia el interior profundo, dejando a las comunidades en el medio de una timba que no eligieron.
Frente a este escenario de abandono nacional, en La Rioja la resistencia se construye con autonomía y gestión. Bajo la conducción del gobernador Ricardo Quintela, la provincia se planta para amortiguar el impacto de la motosierra y cuidar el bolsillo local. Lejos de arrodillarse ante el ahogo financiero de la Casa Rosada, la gestión provincial prioriza el uso de herramientas propias para sostener el poder adquisitivo de los estatales, blindar el empleo y mantener de pie la producción riojana frente al incendio económico nacional.









