Un partido de fútbol infantil terminó de la peor manera posible este domingo en La Rioja. Lo que debía ser una tarde de juego y aprendizaje para los chicos se convirtió en un episodio de violencia protagonizado por adultos que terminaron presos.
El hecho ocurrió alrededor de las 14:20 del domingo 25 de octubre en las canchas de Veteranos, sobre la intersección de la avenida Félix de la Colina y la Ruta Nacional 38. En medio de un torneo infantil, Gabriel Alejandro Cuevas, de 40 años, golpeó de un puñetazo en el rostro al árbitro Daniel Enrique Reynoso, de 48 años.
El árbitro estaba haciendo su trabajo. Los chicos estaban mirando.
El personal policial que cumplía servicio adicional en el predio intervino de inmediato para reducir al agresor. Pero la situación escaló cuando Francisco Alejandro Vera, de 27 años, intentó interferir en el procedimiento y agredir a los efectivos. Fue necesario pedir refuerzos a la Comisaría Sexta para controlar la escena.
Ambos hombres fueron trasladados a la Alcaidía Policial, donde quedaron alojados en carácter contravencional tras ser revisados por médicos.
Lo más doloroso del episodio no es solo la agresión en sí. Es el escenario donde ocurrió. Las canchas infantiles deberían ser el lugar donde los pibes aprenden que el esfuerzo vale, que perder también enseña, que el otro merece respeto. Cuando un adulto pierde el control en ese espacio, el daño va mucho más allá del golpe.
La violencia en el fútbol amateur riojano no es nueva, pero cada caso que involucra a niños como testigos forzados merece ser nombrado con claridad: no hay desacuerdo arbitral que justifique una trompada. No hay resultado que valga más que el ejemplo que les dejamos a los chicos.
El fútbol infantil es de ellos. Cuidémoslo.










