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Andrea Bustamante: la voz riojana entre la chaya y Santiago

La voz que viaja entre dos provincias: la historia de Andrea Bustamante, la riojana que encontró su lugar en el cruce de la chaya y la chacarera

Nació en La Rioja, creció escuchando guitarras en familia y a los 15 años ya pisaba el escenario del Festival Nacional de la Chaya con un poncho, harina y los nervios propios de quien siente que algo grande está por comenzar. Más de dos décadas después, Andrea Bustamante sigue cantando. Desde Santiago del Estero, donde construyó su vida, su voz lleva siempre algo de las dos tierras que la formaron.

La artista acaba de pasar por su provincia natal, convocada por la música y por el reencuentro con su familia. Cada regreso, dice, le mueve el piso. No es una visita más: es volver al lugar donde descubrió que cantar no era solo un sueño, sino una necesidad.

Dos raíces, una sola voz

Andrea creció en una casa donde el folclore no era una actividad separada de la vida cotidiana. Había guitarras, baile, reuniones. Primero fue la danza, que le enseñó a escuchar el ritmo con el cuerpo. Después llegó el canto, casi sin que ella lo decidiera. Cuando cantó, sintió que ahí podía decir lo que sentía.

La consagración en la Chaya, a los 15 años, fue el punto de partida. A partir de ahí empezó a decirse cantora.

La vida la llevó a Santiago del Estero hace más de veinte años. Llegar a una provincia que respira folclore los 365 días del año no fue sencillo. Tuvo que ganarse su lugar. Pero con el tiempo, el monte, los patios y la chacarera pasaron a ser parte de su mundo afectivo. Un día se dio cuenta de que ya extrañaba el monte santiagueño. Ese día supo que también era su casa.

Hoy no puede separar una identidad de la otra. De La Rioja conserva la chaya y lo vidalero. De Santiago incorporó el golpe del bombo y una manera más honda de nombrar la tierra. Entre los dos mundos encontró su sonido.

Un disco y una pandemia

En 2020 publicó Mensaje pal’ corazón, su primer disco solista. Llegó después de años de postergaciones propias de una carrera independiente en el interior del país. Once canciones que funcionan como una autobiografía territorial: la Rioja en Vamos a chayar y Cueca chayera; Santiago en Monte milenario y Fiesta en Atamishqui.

El álbum salió con los escenarios cerrados. Estuvo dos años circulando solo por plataformas digitales. Cuando finalmente pudo presentarlo en vivo, las canciones tenían otra profundidad. Madre querida, una de las más difundidas, conectó de una manera especial con el público porque todos, dice, tenemos una madre, una abuela, y en la pandemia esa figura se volvió más presente que nunca.

Una nueva etapa: animarse a componer

Lo que viene es un paso más profundo. Andrea empezó a componer alrededor de 2022 y hoy trabaja en el material que podría formar su segundo disco. Habitar una canción ajena es prestarle la voz a la historia de otro, explica. Componer es desnudarse.

La propuesta escénica se volvió más íntima y acústica. A su lado, como siempre, está Oscar Gorosito, su compañero de vida y pilar artístico. En este momento de madurez, Andrea sabe mejor que nunca lo que quiere cantar. Su cuenta pendiente es volver a sonar más seguido en La Rioja, no solo en febrero, sino durante todo el año.

Cuando canta una chacarera, su manera de chayar viaja con ella.

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