Cada octubre, Polco resucita. El pequeño pueblo a siete kilómetros de Chamical vuelve a llenarse de gente, de velas, de abrazos y de promesas cumplidas. Este domingo, miles de fieles llegaron desde distintos puntos de Los Llanos riojanos para caminar junto a María del Rosario en una de las celebraciones marianas más profundas y sentidas de la provincia.
No es solo una fiesta religiosa. Es algo más difícil de explicar y más fácil de sentir.
Familias que repiten el camino año tras año. Abuelos que traen a sus nietos por primera vez. Jóvenes que marchan con la imagen tal como lo hicieron sus padres antes que ellos. Promesantes que cumplen lo que prometieron en momentos difíciles. Cada uno carga algo adentro cuando llega a Polco.
La jornada se organizó bajo el lema “María del Rosario de Polco, ven y camina con nosotros como Iglesia en misión”. La Santa Misa y la procesión fueron el centro de todo. La imagen de la Virgen, patrona de los Llanos, recorrió las calles entre cantos y rezos. La gente se acercaba a tocarla, le dejaba flores, le hablaba. Le pedía por la salud, por el trabajo, por los que están lejos y por los que ya no están.
Uno de los momentos más emotivos fue la participación de las agrupaciones gauchas de Chamical. Hombres y mujeres de tierra adentro, con sus trajes tradicionales y sus estandartes, acompañaron a María como ofrenda de su vida cotidiana. Fe, cultura e identidad riojana fundiéndose en un solo gesto.
La celebración tuvo además un significado especial: coincidió con la festividad de la familia franciscana y con la presencia de la imagen de San Francisco de Asís, a 800 años de su Pascua, como símbolo de paz y cuidado de la creación.
Polco volvió a demostrar, una vez más, que la fe no es solo una creencia. Es memoria. Es comunidad. Es identidad. Y que cada octubre, cuando la Virgen sale a caminar, todo un pueblo camina con ella.










