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El gobierno de los Milei construyó su poder repitiendo una palabra hasta el cansancio: casta.

Dijeron que venían a barrer con los privilegios, a terminar con los acomodados, a sacar a los que vivían del Estado. Pero hoy ese relato hace agua por todos lados. Manuel Adorni, una de las caras más visibles del oficialismo, quedó envuelto en causas e investigaciones por presunto enriquecimiento ilícito y por el vuelo privado a Punta del Este junto al periodista Marcelo Grandío, mientras el fiscal Gerardo Pollicita pidió nuevas medidas de prueba para avanzar en ambas líneas de investigación.

No solo está en caída un funcionario clave de Milei. Lo que se cae es una mentira política. Porque cuando un gobierno que ajusta a jubilados, hospitales, trabajadores, estudiantes y universidades aparece rodeado de sospechas sobre privilegios, bienes y favores, ya no alcanza con hablar de honestidad, austeridad o moral. El anticasta fue marketing. Fue una consigna útil para llegar al poder, pero no una práctica real del gobierno nacional. Esa contradicción hoy explota en la cara de Milei y de Adorni.

Y mientras arriba se multiplican las explicaciones, abajo crece la bronca. La comunidad universitaria sigue reclamando por presupuesto y salarios, en defensa de la Ley 27.795, que tiene como objeto garantizar la protección y el sostenimiento del financiamiento de la educación universitaria pública. En ese marco, estudiantes y docentes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA convocaron clases públicas frente a la casa de Adorni, en Caballito, para exigir la aplicación inmediata de la ley de financiamiento que el gobierno se niega a acatar y visibilizar el conflicto.

La imagen es demasiado potente para ignorarla: mientras el poder se enreda en denuncias y privilegios, la universidad pública da clases en la vereda para defender el funcionamiento de la Universidad Pública. Un gobierno que dijo venir a combatir a la casta terminó pareciéndose cada vez más a aquello que prometía destruir. Y un vocero que se llenó la boca hablando de ejemplaridad hoy tiene a docentes y estudiantes enseñando en la puerta de su casa lo que este modelo no quiere aprender: que la educación pública no se ajusta, se defiende.

Se terminó el relato anticasta. Quedó el ajuste para las mayorías y los privilegios para los de siempre, los Milei, los Menem, los Adorni.

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