Francia en llamas: un adolescente perdió una mano y hay un muerto mientras el gobierno culpa a “la ultraizquierda”
Entre medio millón y 800.000 personas salieron a las calles de Francia el sábado 17 de octubre. La consigna era una sola: el costo de vida se hizo insoportable. Pero lo que empezó como una marcha terminó en una noche que el país no olvidará fácilmente.
Los chalecos amarillos volvieron. Esta vez no solos: miles de estudiantes secundarios que llevan semanas movilizados se sumaron a la columna. Juntos desbordaron a la policía en París, Lyon y Marsella. Las imágenes que circularon en las redes mostraron barrios elegantes de la capital invadidos por manifestantes, fuerzas de seguridad superadas y el Elíseo blindado como nunca.
El saldo es duro. El gobierno reconoció 1.800 detenidos en todo el país, 855 solo en la capital, y 150 policías y gendarmes heridos. Del otro lado, los números son más difusos pero igual de graves. En Saint-Étienne, un chico de 17 años perdió una mano por la explosión de una granada. La “policía de la policía” abrió una investigación. El domingo, además, se confirmó la muerte de un manifestante en París tras un paro cardiorrespiratorio.
El gobierno, que durante toda la semana había calculado que no iban a superar los 110.000 manifestantes en todo el país, se equivocó brutalmente. Solo en Toulouse marcharon 60.000 personas.
La respuesta oficial fue la represión y el discurso de la grieta. El primer ministro Sébastien Lecornu convocó un gabinete de crisis y señaló a “la ultraizquierda” como responsable. Luego lanzó una frase que resonó fuerte: “O se está del lado de la República, o se está del lado de los vándalos”. El blanco era claro: Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa y candidato presidencial, quien había marchado en la columna parisina.
Mélenchon acusó en cambio a las fuerzas del orden de haber “organizado el desorden” y llamó al prefecto de París “incompetente peligroso”.
Quien celebra en silencio es la extrema derecha. Marine Le Pen y Jordan Bardella del Reagrupamiento Nacional ven en las imágenes de caos su mayor activo de campaña. A seis meses del primer turno presidencial, el incendio social llegó para quedarse.
El domingo por la noche, Emmanuel Macron habló en cadena nacional. No dio respuestas concretas a los secundarios ni al reclamo por el poder adquisitivo. Prometió “mano firme” contra los alborotadores y abrió la puerta a prohibir futuras marchas. La próxima ya está convocada para el 5 de noviembre.
En las calles, mientras tanto, miles siguieron coreando lo mismo: “Macron, renunciá”.










