Detrás de cada empresa que cierra hay una familia que lo siente
No son solo números. Son talleres que bajan la persiana, comercios que apagan la luz y trabajadores que de un día para el otro quedan sin ingreso. La Confederación Federal PyME Argentina lanzó una advertencia que sacude: el tejido productivo del país está mostrando señales de deterioro que no se pueden ignorar.
Los datos son contundentes. Entre fines de 2023 y fines de 2025, Argentina perdió cerca de 28.500 empresas privadas con empleo registrado. Solo en 2025, los cierres superaron ampliamente a las aperturas: casi 76.900 negocios cerraron sus puertas frente a poco más de 64.100 que nacieron. El saldo: casi 12.800 empresas menos en un solo año.
Pero lo que más preocupa a los empresarios no es únicamente lo que se cierra, sino lo que ya no se anima a abrirse. La economía está perdiendo su capacidad de generar nuevos emprendimientos. Y eso, dicen, es un problema mucho más profundo.
Los concursos preventivos en la Ciudad de Buenos Aires treparon más de un 130% entre 2023 y 2025, pasando de 82 a cerca de 190 casos. La Confederación advierte que, si bien la situación actual no es comparable punto a punto con la crisis de 2001, hay señales que ya se vieron en aquel proceso y que merecen atención urgente.
“Una economía puede recuperarse de una caída coyuntural, pero cuando empieza a perder empresas y al mismo tiempo deja de generar nuevas, estamos debilitando el tejido productivo nacional”, sostuvo Mauro González, presidente de la entidad.
El sector señala que la caída del consumo, los altos costos de producción, la presión impositiva, las tarifas energéticas y la competencia de productos importados son algunos de los factores que más golpean a las pequeñas y medianas empresas.
La propuesta concreta es clara: crear un sistema permanente de monitoreo mensual del estado empresarial en todo el país, para detectar a tiempo los sectores en riesgo y actuar antes de que los problemas se vuelvan irreversibles.
“Las estadísticas empresariales son mucho más que números: son indicadores anticipados de lo que está pasando en la economía real. Si esperamos a que las empresas cierren para reconocer que hay una crisis, vamos a llegar tarde”, concluyó González.
Detrás de cada empresa que no abre, hay un proyecto que nunca arranca. Detrás de cada una que cierra, hay personas que lo pierden todo.










