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Crisis de vivienda en Portugal: manifestantes vuelven a acampar en Lisboa

En Portugal, el derecho a un techo se convirtió en el corazón de una batalla callejera. Y los que pelean no piensan rendirse.

Este miércoles, los manifestantes que reclaman soluciones ante la crisis de vivienda en Portugal volvieron a prepararse para acampar en la plaza del Rossio, en el centro de Lisboa. La decisión se tomó en una asamblea popular abierta, con micrófono libre, pocas horas después de que la policía desmantelara el campamento que habían instalado días antes.

El desalojo del martes fue contundente. El Cuerpo de Intervención de la Policía de Seguridad Pública (PSP) levantó las carpas a primera hora de la mañana y terminó con 55 personas detenidas y dos con heridas leves. Los cargos: desobediencia y resistencia a abandonar la vía pública.

El portavoz policial, Sérgio Soares, aclaró que no hubo porras ni cargas durante el operativo. Según explicó, los incidentes menores se debieron a quienes se negaron a retirarse voluntariamente.

En Oporto, la historia fue diferente. La policía ordenó el retiro de las carpas instaladas en la plaza D. João I, pero los manifestantes aceptaron irse sin resistencia y sin arrestos. Más tarde, más de mil personas volvieron a reunirse en ese mismo punto. Hubo un concierto, y luego una marcha que llegó hasta el Ayuntamiento y obligó a cortar el tránsito en uno de los tramos principales de la avenida dos Aliados.

El ministro de Administración Interna, Luís Neves, reconoció que protestar es un derecho legítimo, pero fue claro: la etapa de los campamentos, para el Gobierno, está cerrada. Advirtió que cualquier intento de generar violencia o caos encontrará una respuesta firme de las fuerzas de seguridad.

Lo que pasa en Portugal no es un caso aislado. Movilizaciones similares se están registrando en Francia, España e Italia. El hilo conductor es el mismo en todos lados: el acceso a la vivienda se volvió imposible para una parte enorme de la población, especialmente para los más jóvenes.

La gente que acampa en Lisboa no lo hace por capricho. Lo hace porque alquilar o comprar una casa se convirtió en algo inalcanzable. Y ese dolor, esa urgencia, es la que los lleva a volver a la plaza, aunque los desalojen una y otra vez.

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